El armario


Estaba acostado en mi cama después de un largo y ocupado día. Mi posición era muy cómoda y reconfortante, la almohada estaba tibia, la sábana estaba en un punto perfecto de suavidad, mis padres habían salido a cenar, por lo que estaba solo con Sirius, mi perro. Parecía que todo el ambiente a mi alrededor estaba de acuerdo para concederme una muy placentera noche de sueño… Y así habría sido, estoy seguro.

Llegó un punto, después de estar sumergido un buen rato en mi profunda tranquilidad, en que cerré ambos ojos y me dejé caer en los brazos de Morfeo, pero esa paz se vio interrumpida pronto por un golpe estrepitoso y seco me despertó e hizo que me levantara rápidamente. Parece que la puerta de mi armario se había abierto de golpe por acción del viento, no le di mucha importancia por el increíble cansancio que aún tenía encima, así que ni me molesté en levantarme e ir a cerrar mi closet… Mala decisión. 

Volví a recostar mi cabeza sobre la almohada, logré ver en mi despertador que eran las 03:01 a.m., intentaba volver a dormir, pero algo no me dejaba… Sentía como si algo estuviese arrastrándose por el suelo. No quise darle mucha importancia al asunto, pensé que el perro también se asustó con el golpe de la puerta y quiso venir a pasar la noche conmigo. Esta hipótesis cobró un poco más de sentido cuando sentí cómo algo se montaba sobre mi cama y se acomodaba sobre mí barriga, tal como acostumbraba a hacerlo Sirius.

Dejándome llevar por la confianza, estiré mi brazo para intentar acariciarlo, y fue aquí cuando me di cuenta de que algo andaba mal. No era Sirius, mi mano ni siquiera sintió algún pelaje en el primer contacto, pero creo que lo que más llamó mi atención fue los sonidos que producía esta criatura.

Fue aquí cuando decidí averiguar qué era eso que estaba encima de mí. Abrí mis ojos lentamente y bajé la mirada poco a poco, no mucho, pero si lo suficiente para ver a esa… cosa. Una figura negra, cuya silueta y porte solo pude asemejar con los de un mono, se encontraba sentado sobre mi estómago.

No pude detallarla en su totalidad por la oscuridad que había en mi habitación, pero admito que nunca olvidaré sus largos brazos de color negros, sus manos totalmente desproporcionadas, el color rojo fuego de sus ojos que destacaba frente a toda la oscura figura, su pequeño y chato hocico con dos agujeros que se dilataban con cada respiro; pero creo que nada superará a sus grandes y húmedos dientes, que se dejaban ver cada vez que sacaba su lengua para tantear el aire.

Estaba tranquilo encima de mí, pero era muy pesado, no dejaba que diese ningún movimiento brusco ni que respirase bien. Después de unos segundos así, decidí sacudirme rápidamente para ver si se bajaba de alguna forma, por lo que lo hice como pude, y creo que eso fue lo que me condenó.

La criatura se puso agresiva y sacó de sus manos negras unas garras muy largas que clavó en mi cama. Acercó su cabeza hacia la mía y comenzó a olfatear. Parecía que no me veía, que no me veía con esos grandes ojos rojos, pero que si me sentía y me olía.

Yo tenía mucho miedo y calor, por lo que empecé a segregar sudor y, posteriormente, un hedor que yo mismo podía oler. Y vaya que esa bestia también podía porque me detectó por esa característica particular, esa desafortunada e inconveniente característica.

Comenzó a inhalar más fuerte y rápido a medida que su rostro se acercaba al mío; yo, a la vez, comencé a respirar un poco más acelerado, lo que hizo que el movimiento de mi estómago fastidiara a la bestia, dejándole claro que no estaba sola y que estaba sentada justo sobre su presa.

Al darse cuenta de mi presencia, el monstruo echó su cuerpo hacia atrás mientras abría dos enormes alas negras que yo antes no había podido ver; esto mientras emitía un espantoso, grave, imponente y horrífico rugido que solo podría emitir una criatura sacada desde el mismo infierno. No pude contenerme, no después de haber visto tal demonio, por lo que di un grito totalmente comprensible por el miedo, pero si el sudor fue mi condena, ese grito fue mi pasaje directo a la tumba.

Tras escuchar mi grito, la criatura se bajó rápidamente de mi cama, y antes de que pudiese hacer cualquier cosa, ya me había tomado de mi tobillo derecho con una de sus temibles garras. Un solo tirón de su parte bastó para hacerme caer de la cama y fue ahí donde descubrí que esta criatura no tenía piernas, por lo que iba arrastrándose por todas partes… justo como lo que había sentido minutos antes, a las 03:01 a.m. para ser más exactos.

La bestia volvió a tomar mi pie derecho con su garra, y empezó a arrastrarme hacia el lugar de donde, sin duda, salió… el armario.

No podía hacer nada, salvo gritar, llorar, rogarle a Dios que me ayudara e intentar aferrarme a algún objeto cercano, con la mínima esperanza de que este demonio me soltara el tiempo suficiente para levantarme e intentar escapar lo más rápido y lejos posible, pero todo esto fue en vano. La bestia llegó hasta el armario, abrió las puertas de este y después se sumergió en su profunda oscuridad, pero no me soltó, incluso desde fuera podía sentir cómo tiraba más de mi pie.

 Mi corazón se iba a detener, yo no dejaba de sacudirme y dar patadas al aire. Vi cómo mis piernas comenzaban a sumergirse en esa oscuridad, al igual que la mitad de mi cuerpo. Aún no sé cómo, pero logré agarrar la puerta del closet y hacer un último esfuerzo para escapar de tan horrible destino, esfuerzo que también fue en vano. Sentí cómo otras garras tomaban mis piernas y me jalaban aún más, lo único que podía hacer era aferrarme a la puerta mientras gritaba y lloraba despavoridamente, pero al final mis manos cedieron y se resbalaron de la puerta.

Pude sentir una caída libre, pude sentir cómo me acercaba hacia un olor terriblemente fétido, pude ver cómo la puerta se alejaba de mi vista, pude ver cómo la luz se perdía en la oscuridad, pude sentir todo esto hasta que… desperté.

Sí, todo había sido una pesadilla, una terrible y horrorosa pesadilla.

Me levanté de mi cama totalmente alterado y con mucho calor, también todo mi cuerpo estaba empapado de sudor. Me quité la camisa y me sequé el sudor de la frente con ella, después decidí darle unos cuantos sorbos al vaso con agua que estaba sobre mi mesa de noche.

Al hacer esto y devolver el vaso a la mesa, el reloj cambió la hora a las 03:00 a.m., las tres en punto de la mañana, hora en la que escuché un sonido familiar proveniente de mi closet, un sonido parecido al de una cerradura siendo manipulada, sonido al que le acompañaba otro que sonaba como una criatura arrastrándose por el suelo.

Me quedé totalmente frío, comencé a recordar todo lo que había soñado, llegando al punto de distraerme mientras recordaba. Y si creen que ya estaba asustado en ese momento, imagínense cómo me sentí cuando vi que las puertas de mi armario empezaron a abrirse.


No olviden comentar si les gustó esta historia. 

Me despido cordialmente. 
Hasta pronto.

Odiseo. 

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