Los cuadros de la cabaña


Esta historia puede que ya la hayas escuchado, pues ha estado en boca de muchas personas durante largo tiempo; siendo más específico, de la boca de cazadores y cuentistas de camino.

La siguiente narración nos introduce a Phillip Howard, un hombre que se ganaba la vida de una manera naturista, no le gustaba tener contacto con grandes grupos de personas, únicamente con sus parientes y amigos más cercanos. Como a este hombre no le agradaba el contacto con la población, entenderán entonces que el lugar donde habitó por un largo periodo de su vida era separado de la sociedad; además de ser de carácter rural, haciéndolo vivir de la caza, pesca, agricultura, fogatas cuando hacía mucho frío, baños en el río que pasaba cerca de su hogar, entre otras cosas; una vida naturista.

El pasatiempo favorito de Phillip era la caza. El solo pensar en la manera de cómo hacer y colocar las trampas, o el pensamiento de poder comer en la noche un hervido de carne de ardilla, o el imaginarse el tomando su escopeta y su hacha para poder hacer por su cuenta lo que las trampas no pudieron y de esta manera terminar su trabajo, lo hacían sentir feliz, emocionado y hambriento.

Phillip pasaba horas, días, semanas, hasta meses armando, rearmando y colocando sus trampas por todo el bosque donde él vivía, y una vez colocadas, cada día las revisaba en una rutina de mañana, tarde y noche; pero un día, le ocurrió un suceso que nunca se imaginó que sucedería. Resulta que en una de sus caminatas habituales en altas horas de la tarde, paseando por la orilla del río donde él se bañaba, activó sin querer una trampa de oso con su pie derecho la cual el mismo Phillip había colocado meses atrás para probar un nuevo lugar estratégico con el fin de cazar algún animal; pues al parecer esta ya no se encontraba en la memoria del cazador.

En un esfuerzo desesperado, provocado por el dolor de la herida, el veterano cazador intentó sacar su pie de la trampa, pero esta por el tiempo en la que había estado expuesta al ambiente húmedo provocado por el río, sumando lo frío del ambiente y  también el sol que le pegaba directamente con el pasar de los días, hicieron que esta se encontrase con un óxido que le cubría sus engranajes; por lo tanto, cada esfuerzo y movimiento que el hombre hacía para poder liberarse era difícil, agresivo, duro, pero sobre todo, doloroso.

Después de batallar unos largos minutos con la trampa, Phillip por fin logró abrirla. Pero su gracia dio entrada a una desgracia, pues la fuerza que tuvo que ejercer para mover el pie del lugar hizo que Phillip diera un paso atrás, resbalando con una roca que lo hizo caer a la corriente del rio. La corriente era muy fuerte por una serie de causas que estaban todas en contra del cazador; primero, el viento en aquel día era más fuerte de lo habitual, sin duda un viento anunciador del invierno que estaba próximo a llegar; segundo, la zona donde el hombre cayó era conocida por su fuerte corriente, que sumada con el viento, hacía que se formaran rápidos muy difíciles de dominar; tercero, la herida en el pie derecho de Phillip, esta no lo dejaba frenar con las rocas del río, pues cada vez que este apoyaba el pie en alguna por instinto y dolor lo quitaba, y en cuanto al otro pie… digamos simplemente que no encontraba donde apoyarlo.

Perdió mucho tiempo en el agua, ya se lograban divisar las rocas hacia donde lo arrastraba la corriente, debía sujetarse a algo rápidamente si no quería lastimarse con estas; logró ver un conjunto de ramas de varios árboles que se asomaban al rio, y esperanzado quiso intentar sujetarse a alguna y arrastrarse a la orilla. Alcanzó a tomar con los dedos la rama de un árbol que estaba cerca del agua, pero esta se rompió al no poder aguantar el peso del hombre, sin contar con la velocidad en la que venía provocada por el rio. Logró aferrarse a otra, pero la misma velocidad que hizo que el palo anterior se rompiese causo que Phillip no lograra tomar la rama de una buena manera, lo que trajo como consecuencia que los dedos del cazador se rasparan y que su camino por la corriente continuase…física básica, si me lo preguntan.

Bueno… no hay que darle tantas vueltas al asunto, era evidente que el pobre hombre iba a llegar tarde o tempano a las rocas. No sé cómo expresar el dolor que sintió Phillip al momento de impactar con la primera piedra, pero basado  en sus gritos se puede decir que eso de verdad dolió.

Muchas vueltas y bastantes golpes dolorosos se dio el cazador en este infortunado trayecto; no es sorprendente decir que en alguno de estos impactos perdiera la conciencia, conciencia que recobró horas después cuando la misma corriente lo dejó a orillas de una zona completamente desconocida para él. Quizás en el momento en que se encontraba inconsciente el río lo arrastró kilómetros y kilómetros por el canal; pero lo cierto es que ese lugar, de pinos altos, era un lugar que no reconocía.
Viéndose gravemente herido, pues tenía, golpes, magullones, moretones, cortadas y un pie lastimado, el cazador recurrió a una opción que nunca había pensado tomar, adentrarse a un bosque desconocido, herido con la esperanza de encontrar civiles que le prestaran ayuda. Pasaron horas y Phillip no encontraba a nadie; ya había perdido mucha sangre y temía que algún oso o algún lobo lo encontrase, pues el estando herido y desarmado no tendría oportunidad con ningún animal salvaje.

Había comenzado a oscurecer. La luna se alzó sobre los árboles y el bosque quedó sumergido en una tenebrosa oscuridad que solo era interrumpida por la luz de la luna que alumbraba el camino por donde el naturista pasaba.

La falta de sangre en el cuerpo del cazador ya se hacía notar, pues cada paso le era más difícil de dar y esto sin mencionar que cada metro que avanzaba le parecían kilómetros recorridos sin parar. No podía aguantar mucho más de pie, su cabeza daba muchas vueltas y su vista ya le comenzaba a fastidiar; decidió recostarse en el tronco de un pino para poder descansar, y al hacer esto, notó que la luz de la luna comenzó iluminar una cabaña a unos metros de distancia que no se hacía notar por la oscuridad.

Viendo esto, Phillip procedió a ponerse de pie, y con sus pocas fuerzas comenzó a caminar con un paso rápido. La casa tenía dos pisos y todas sus luces apagadas pero no parecía abandonada, preguntaba a gritos si había alguien en el lugar y nadie le contestaba. Cojeando llegó a la puerta y tocó varias veces con la esperanza de que hubiese alguien en la casa, pero esta parecía completamente deshabitada. Intentó girar la perilla de la puerta, y para suerte del hombre, esta no estaba trancada; con un leve movimiento de muñeca logró abrir la puerta, y ya con esta abierta, decidió entrar a la oscuridad de la cabaña desierta.

Una vez dentro de la casa buscó un botiquín de primeros auxilios para curar sus heridas ocasionadas por la trampa de osos y los golpes que se dio en el rio. No encontró el botiquín en la planta baja del lugar, por lo que decidió subir y buscar por el segundo piso de la cabaña; le fue difícil, pues subir por las escaleras con su pie lastimado fue muy difícil y doloroso. Afortunadamente Phillip no tardó mucho en encontrar la caja de medicamentos, esta estaba en el baño del segundo piso y para sorpresa de él, la caja estaba llena y sus medicamentos no estaban vencidos.

 Una vez vendado y más aliviado se dio cuenta que debía resolver un segundo problema, el hambre. Bajó a la cocina, pues recordó haber visto pan y queso frescos mientras buscaba el botiquín por la cocina. Se sentó a la mesa y comenzó a comer pausadamente y en lo que lo hacía le llegaron los pensamientos de que esa casa es propiedad de alguien, y quizás no tardarían mucho en volver, el pan y el queso frescos que se estaba comiendo el cazador eran prueba de ello, sin contar el botiquín que encontró en el segundo piso; pensó que quizás estén cazando la cena o fueron a otro lugar no muy lejos de ahí, pues no habían huellas de neumáticos que expresaran algún vehículo propiedad de los dueños o el dueño de la cabaña; así que dicho esto, Phillip decidió simplemente  esperar.

Al terminar de comer se levantó de la mesa, apagó las luces y camino por el pasillo oscuro que conectaba la cocina con la sala, las escaleras y la entrada principal de la casa. Phillip entró a la sala y en la oscuridad logró distinguir un sofá bastante amplio ubicado justo en frente de una chimenea con unos troncos y un pote de aceite a un lado de esta; decidió acomodar unas maderas, bañarlas con aceite y con ayuda de unos fósforos que encontró en el botiquín de primeros auxilios encendió la chimenea.

Hecho esto, el cazador se sentó en el sofá de la sala, obteniendo un delicioso y confortable calor; y una vez ya acomodado observó a su alrededor, y en ese punto Phillip no podía dejar de pensar en dos cosas: lo primero era la explicación que le daría al dueño de la cabaña si este volvía, ¿le creería, lo atacaría o simplemente lo ayudaría?, pero estos pensamientos se veían interrumpidos por uno mayor; la segunda cosa en la que Phillip no dejaba de pensar, y que por mucho le borraban de la mente su primera preocupación, era en los cuadros que adornaban a la habitación, pues estos tenían un diseños bastantes extraños y perturbadores de rostros desfigurados, de personas horrendas que ni se soñarían en la peor de las pesadillas, de animales que parecían demonios, pero sobre todo,  de rostros tan horribles e intimidantes cuyo detalle en sus ojos era tan  explícito que hacían sentir al cazador incómodo y acobardado, pues de verdad podía sentir como si alguien lo estuviese observando.

El hombre pensó en levantarse del sofá y encender las luces de la habitación para  poder observar los cuadros con una mejor iluminación, pero antes de pararse sintió una gran fatiga que le recorrió  todo el cuerpo y que hizo que se quedara sentado. Phillip estaba agotado, y sintiéndose de esa manera pensó en revisar los cuadros por la mañana cuando la luz del sol se lo permitiese, y una vez aceptado esto, el naturista cayó en un sueño largo y profundo concedido por el cansancio que tenía debido a su mal día.

A la mañana siguiente, el cazador se levantó del sofá ya mucho más aliviado; inmediatamente decidió revisar las demás habitaciones de la casa para ver si los dueños de esta habían regresado mientras él dormía. Subió pausadamente por las escaleras a la segunda planta de la cabaña y notó que no había nadie en ninguno de los cuartos por lo que concluyó, además de no oír ningún ruido en la cocina, que aún estaba solo en el lugar.

Decidió bajar a la planta baja de la cabaña e ir a la cocina para comer un pedazo de pan e irse del lugar y encontrar un camino para regresar a su hogar, pero al bajar por las escaleras notó la luz del sol que entraba por una ventana de la sala e iluminaba la habitación. Este factor hizo que Phillip recordara los cuadros que decidió en la noche anterior revisar por la mañana. Este recuerdo revivido despertó completamente la curiosidad de Phillip, la cual opacó totalmente el hambre que el cazador sentía. 

Por curiosidad, Phillip decidió mirar primeramente los cuadros, por lo que se dirigió a la sala en lugar de la cocina. Al momento de entrar en el sitio, el cazador se llenó de dudas, de horror y sorpresa; pero nada comparado con el frío que sintió en su cuerpo al descubrir que los cuadros deformes, de gente terriblemente desfigurada y de animales horribles de pesadillas que había visto la noche anterior no eran cuadros… eran ventanas.

No olviden comentar si les gustó esta historia. 

Me despido cordialmente. 
Hasta pronto.

Odiseo. 

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